Antes de entrenar el fútbol, tenemos que decidir cómo queremos entenderlo

A lo largo de los años, como jugadores, entrenadores o seguidores de fútbol, vamos acumulando experiencias, jugadas, ejercicios, conceptos, modelos e influencias que poco a poco van construyendo nuestra manera de entender el juego. Aprendemos de otros jugadores o entrenadores, de los que hemos tenido, de los equipos de los que hemos formado parte y de todo tipo de contextos bien diferentes. A menudo aprendemos de aquello que sale bien, pero también muchas veces, de aquello que no funciona como esperábamos.
Con el tiempo, sin embargo, acumular conocimiento deja de ser suficiente. Aparece la necesidad de conectarlo, de encontrar una lógica entre todas esas experiencias y, sobre todo, de reflexionar sobre qué creemos realmente sobre el juego, sobre el jugador y sobre la manera en la que este aprende.
Es ahí donde, antes de preguntarnos cómo queremos entrenar, aparece una pregunta mucho más importante: ¿cómo entendemos el fútbol?
Entender aquello que queremos entrenar
Podemos analizar un pase, un control, un desmarque, una presión o una finalización de manera aislada, pero la realidad es que ninguna de esas acciones sucede realmente de forma independiente dentro del juego. Cada interacción modifica de alguna manera aquello que ocurre a su alrededor o como cita Camilo Esperanza a Paco Seirul·lo: "Nuestro juego no es una sucesión de jugadas sino una sucesión estocástica de espacios de fase" pero este tema ya es para otro día.
Cuando un jugador se mueve, cambia la distribución del espacio, amplia o reduce distancias,... Cuando recibe el balón, modifica las relaciones con sus compañeros y adversarios... Cuando un rival presiona, reduce el tiempo disponible para decidir y puede provocar que aparezca un nuevo espacio en otro lugar. Bien rápido, el jugador debe procesar esa información, interpretarla, tomar una decisión y, con su interacción, se vuelve a transformar el escenario para todos los demás, generando un nuevo espaico de fase. Y el juego continúa. Y esta naturaleza dinámica hace que cuanto más intentamos comprender el fútbol, más difícil resulte separar completamente sus elementos.
Por eso quizá una de las preguntas que deberíamos hacernos como entrenadores no sea solamente qué queremos entrenar hoy, sino qué queremos que nuestros jugadores aprendan a reconocer y comprender.
Del ejercicio al jugador
En Barcelona Pro Soccer, queremos ayudar a desarrollar jugadores cordinativamente competentes: que puedan pasar, controlar, conducir, finalizar o defender con eficacia. Pero ejecutar correctamente una acción no garantiza necesariamente que el jugador comprenda cuándo utilizarla, dónde realizarla o qué pretende conseguir con ella.
Un pase técnicamente perfecto puede ser una mala decisión. Un control aparentemente sencillo puede transformar una situación si permite al jugador orientarse hacia un espacio que acaba de aparecer. Un desmarque puede ser decisivo aunque el jugador nunca reciba el balón, simplemente porque ha modificado la posición de un adversario y ha generado una oportunidad para un compañero.La acción adquiere significado por aquello que sucede alrededor de ella.
Esto nos lleva a pensar el desarrollo del futbolista desde una perspectiva más amplia. La técnica importa, la táctica importa y las capacidades físicas también importan, pero durante el juego todas ellas aparecen conectadas y condicionadas por un contexto que cambia constantemente. El jugador no vive el partido por partes. Lo vive como un todo.
El papel del entrenador
Esta forma de entender el fútbol también nos obliga a revisar nuestro papel como entrenadores. Durante mucho tiempo hemos intentado proporcionar soluciones: dónde colocarse, cuándo pasar, qué movimiento realizar o cuál es la respuesta adecuada ante una determinada situación.
Es lógico y parte de nuestro trabajo consiste en orientar al jugador. Pero existe una diferencia importante entre ofrecerle herramientas para comprender una situación y convertir la solución del entrenador en la única respuesta posible.
El fútbol presenta contextos que cambian constantemente. El espacio nunca es exactamente el mismo, la presión llega de manera diferente, los compañeros ocupan posiciones distintas y el tiempo disponible para decidir varía de una acción a otra. Si únicamente enseñamos soluciones, corremos el riesgo de preparar al jugador para situaciones que ya conocemos. Si le ayudamos a interpretar, le damos herramientas para enfrentarse también a aquellas que todavía no hemos previsto.
Por eso nos interesa un entrenamiento en el que el jugador pueda observar, experimentar, decidir, equivocarse, reajustar y volver a intentarlo. El entrenador sigue teniendo una responsabilidad fundamental, pero su intervención no consiste necesariamente en ofrecer continuamente respuestas. También consiste en diseñar contextos específicos y variables, así como formular preguntas que guien al jugador a descubrirlas a través de una práctica abierta y masiva.
Una manera de entender el desarrollo
MAP 360 nace precisamente de este proceso. De años de experiencias, influencias, preguntas y aprendizajes, pero especialmente de la necesidad de conectarlos dentro de una misma forma de entender el desarrollo del futbolista.
No pretende ser una respuesta definitiva al fútbol ni una colección de ejercicios que puedan trasladarse de un equipo a otro. Tampoco pretende eliminar la incertidumbre propia del juego. Al contrario, parte de aceptarla, abrazarla y anticiparla.
MAP 360 busca ofrecer una estructura desde la que observar y comprender mejor las relaciones que se producen entre el jugador, el balón, sus compañeros, los adversarios, el espacio, el tiempo y la información que emerge continuamente del juego. A partir de ahí se puede empezar a tomar decisiones sobre qué entrenar, cómo hacerlo con intención y, sobre todo, para qué.
En el fondo, quizá desarrollar mejores futbolistas no consista en proporcionarles cada vez más respuestas, sino en ayudarles a formular mejores preguntas al juego y darles herramientas para encontrar sus propias soluciones.
Reflection 360º
Por lo tanto, si una metodología debe partir de una determinada manera de entender el fútbol, aparece naturalmente la siguiente pregunta: ¿cómo convertimos esa forma de entender el juego en una estructura que pueda orientar el desarrollo del jugador?
Ahí empieza MAP 360.




Comentarios